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marzo 22, 2009

Abusando de la ciencia en nombre del activismo político

En La Jornada del domingo pusieron una reseña de un performance de la artista y activista política Jesusa Rodríguez en el que se disfraza de Charles Darwin y comenta la "involución" política y social del país:

Apoyado con una proyección del mural Sueño de una tarde de domingo en la Alameda, el naturalista demostró cómo los rostros de las decenas de personajes ahí pintados por Diego Rivera, y que van desde la conquista hasta mediados del siglo XX, habían mutado a especies menos avanzadas y hasta primitivas.

Así, desde este siglo XXI, políticos, empresarios, banqueros, jerarcas religiosos y hasta periodistas de televisión y personajes de los espectáculos han ido suplantando los rostros de personajes del pasado mexicano, cuando, pese a los problemas, aún se podía observar una tendencia del país a la evolución. [22/03/2009]

Según la misma nota, el espectáculo fue una letanía de "nombres científicos" como los de las caricaturas del Correcaminos criticando a personajes de la política, la economía y los medios masivos. Todos de derecha, como es típico de Jesusa, y eso está bien, porque la señora tiene derecho a expresar sus ideas políticas como mejor le plazca...

...siempre y cuando no abuse de conceptos fundamentales de la ciencia, máxime cuando parece que ni siquiera los entiende. La evolución darwiniana nunca se ha tratado de "progreso", sino de "variación y adaptación". Ejemplo: hace varios miles o millones de años, una población de palomas ligeras, rápidas y ágiles colonizó las islas del Océano Índico occidental, un ambiente de abundante alimento y ningún depredador. Ese ambiente favoreció el predominio de ciertas mutaciones aleatorias que produjeron al dodó, un ave gorda, pesada, lenta y torpe, una criatura "degenerada" según más de un criterio que sin embargo estaba bien adaptada a sus idílicas islas.

La equivalencia entre evolución y progreso fue obra del filósofo inglés Herbert Spencer, cuya filosofía evolucionista consistía en el continuo aumento de complejidad del universo en general y de las sociedades en particular, que este aumento de complejidad siempre representaba un progreso y que ese progreso era inevitable. La filosofía de Spencer es anterior al Origen de las especies y le debe más a Jean-Baptiste Lamarck y al positivismo de Auguste Comte que a Darwin. Hablar de "evolución" e "involución", sobre todo en el contexto de las ciencias sociales como lo hace Jesusa, es más propio de las filosofías de cambio dirigido de Spencer o de Comte que del evolucionismo darwiniano de naturaleza aleatoria. Si Jesusa se hubiera disfrazado de Spencer para hacer su espectáculo, tal vez sería más aceptable y honesto. Aunque seguro menos gente lo hubiera entendido: Carlitos es mucho más famoso y está de moda, mientras que a Heberto no lo recuerdan ni en las facultades de Filosofía y Letras.

Jesusa Rodríguez, a final de cuentas, es una artista y una activista, así que no se le puede exigir exactitud científica en su trabajo. Es más: el problema no es ella, sino los grupos intelectuales que le son afines. Por ejemplo, la geóloga María Fernanda Campa, quien es mencionada como la conductora del evento. ¿Por qué Campa se quedó tan calladita y apadrinó la abusiva tergiversación ideológica de Jesusa? ¿Se da cuenta de que si alguien del lado derecho de la calle hace una distorsión igualmente abusiva del darwinismo para concluir que la globalización neoliberal es mejor e inevitable y por lo tanto hay que reprimir a esos molestos altermundistas (¡como Jesusa!) que son "primitivos" y un obstáculo para la "evolución", tendrá que mantener la boca cerrada, porque ha mostrado que no tiene un gramo de autoridad moral para protestar?

febrero 13, 2009

Con un día de retraso... ¡Feliz Día de Darwin!

El 12 de febrero de 1809, en una pequeña población al oeste de Inglaterra, nació Charles Robert Darwin, quien después de décadas de observaciones de plantas y animales alrededor del mundo, llegó a la conclusión de que todos los seres vivos cambian, que aquellos cuyos cambios resultan más ventajosos para su ambiente son los que tienen las mejores posibilidades de sobrevivir y reproducirse, y que los cambios acumulados a lo largo de generaciones crean nuevas especies. Esta idea es lo que conocemos como evolución por selección natural, y es el eje fundamental de todas las ciencias biológicas contemporáneas.

No olvidemos que celebramos al hombre por lo que hizo: brindó una explicación coherente y comprobable apoyada en cantidades monumentales de evidencia física, al punto que logró lo que muy pocos antes que él en la historia de la ciencia: que sus teorías fueran ampliamente aceptadas por la comunidad científica mientras él vivía. (Creo que sería mejor celebrar el 1 de julio, fecha de la presentación de los trabajos de Darwin y Alfred Russell Wallace sobre evolución ante la Sociedad Linneana de Londres; o el 24 de noviembre, aniversario de la publicación de la obra cumbre de Darwin, El origen de las especies por medio de la selección natural.)

Tampoco olvidemos que el logro de Darwin ya fue ampliamente superado: los 150 años posteriores al Origen se encargaron de completar, corregir y refutar muchas de sus observaciones y conjeturas originales. Darwin murió sin saber nada de la genética de Mendel. Ninguno de los dos siquiera imaginó que una molécula autorreplicante era la causa de esas variaciones, que la selección natural podía modelarse matemáticamente, o que la evolución por selección podía explicar fenómenos culturales. La biología ha avanzado tanto desde 1859 que el Origen resulta más útil para los historiadores de la ciencia que para los biólogos.

Darwin ahora ocupa un lugar junto a Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Lavoisier, Dalton, Pasteur, Maxwell, Bohr, Einstein y muchos otros: pioneros a los que recordamos y admiramos porque abrieron el camino, no porque lo marcaron de una vez y para siempre. Sí, eso va dirigido a los creacionistas, que siguen hablando de "darwinismo" cuando nadie más lo hace, aunque de todas formas van a seguir creyendo lo que les dé la gana.

Festejar a Darwin es mucho mejor que llorar a Julio Cortázar, que murió el 12 de febrero de 1984 (Rayuela es interesante, pero no es la gran literatura fundacional de nada que muchos culturosos pretenden, y los que dicen que Cortázar les cambió la vida es porque lo leyeron en la adolescencia, cuando cualquier cosa cambia la vida), y definitivamente es mejor que festejar el estúpido día de San Cursi.

Y para compensar el día de retraso, les recuerdo que el 15 de febrero se brinda en honor a Galileo y el 19 en honor a Copérnico. ¡Salud!

marzo 27, 2007

¡Felicidades, Richard!

RichardDawkins.net

El 26 de marzo de 1941, en Kenia, en aquel entonces una colonia más del agonizante Imperio Británico, nació Richard Dawkins, uno de los grandes biólogos evolutivos de la actualidad. Dawkins es autor de un texto clásico de divulgación de la biología, El gen egoísta, donde coloca a los genes como los motores fundamentales de la selección natural y la evolución. Podemos decir que Richard Dawkins es a la biología evolutiva lo que Carl Sagan fue a la astronomía. Y al igual que Sagan, Dawkins es crítico hacia la pseudociencia y, especialmente, al creacionismo y el diseño inteligente.

Pero Dawkins es mucho más famoso por razones que no están directamente relacionadas con su trabajo en biología evolutiva. A saber, Dawkins es el padre (o al menos el padrino) de la memética, la protociencia de la transmisión de ideas vistos como entidades susceptibles de replicación y transmisión: los memes. (Nota: Dawkins tenía en mente cosas mucho más complejas e interesantes que la basura que en la blogósfera hispánica se conoce como "memes", que no son más que la evolución de los "chismógrafos" que me tocó ver allá por los principios de la década de 1990. En fin, las "memes" se llaman así porque son ideas que se las ingenian para esparcirse y duplicarse. Aunque no sé qué tanta variación permitan las "memes chismográficas".)

Sin embargo, lo que le ha dado un perfil verdaderamente público a Dawkins es su papel de vocero del ateísmo y la crítica hacia las religiones. Dawkins no es en absoluto diplomático: basado en la memética, califica a la religión de "virus mental" sin ningún provecho, y como tal, debe ser eliminada, y uno de los primeros pasos para eso es hacer a un lado el respeto que todas las religiones (o al menos las menos descabelladas y las más viejas) tienen porque sí. En este sentido, Dawkins arremete también contra los liberales y los agnósticos al brindarle demasiada credibilidad a un sistema de creencias (o mejor un complejo de memes) que no se la merece.

Una minúscula muestra de su pensamiento al respecto está en este parrafito:

El último vestigio de mi respeto del estilo "sin tocar la religión" desapareció con el humo y el asfixiante polvo del 11 de septiembre de 2001; seguido del "Día Nacional de la Plegaria", cuando los prelados y los pastores ejecutaron su trémula personificación de Martin Luther King, alentando a la gente de creencias mutuamente incompatibles a tomarse de las manos, unidos en un homenaje a la mismísima fuerza que, para comenzar, había causado el problema. Es tiempo de que la gente de razón, por oposición a la gente de fe, se ponga de pie y diga "¡Basta!". ["Tiempo de ponerse de pie", en El capellán del diablo. Gedisa, Barcelona, 2005.]

En Internet está circulando un ensayo en forma de carta a su hija cuando ésta tenía unos 10 años (ahorita debe andar por los veintipocos) titulado Buenas y malas razones para creer, muy recomendada como primera introducción a Dawkins y su pensamiento sobre la religión. Muy oportunamente, Antonio en Delenda est Carthago! publicó una traducción de un debate entre Francis Collins y Dawkins sobre ciencia y religión.

Es bastante adecuado celebrar a Dawkins en éste su cumpleaños número 66, un número un tanto odioso para ciertos grupos de creyentes. Y con esta ridícula entradita, este blog se une al homenaje.

(gracias, Ribozyme)

febrero 11, 2007

Día de Darwin: el darwinismo en México - Domingo de la evolución

El 12 de febrero de 1809 nació el biólogo inglés Charles Darwin, uno de los personajes más importantes en la historia de la ciencia gracias a su teoría de la evolución de las especies, el pilar de la biología moderna. Desde hace unos 10 años, cada 12 de febrero se impulsa la celebración del Día de Darwin para hacer conciencia de la importancia de la evolución y la biología. La Corte de los Milagros se une a la celebración con esta entrada doble.

El primer darwinismo en México

Darwin llegó a México en francés, por ser ésa la lengua de las traducciones en la que se conocieron en México los trabajos de Darwin y sus partidarios, más o menos hacia 1870. (Elías Trabulse, en su Historia de la ciencia en México —FCE / CONACYT, 1994-2005—, dice que las obras de Darwin y sus comentaristas llegaron "entre la sexta y la séptima décadas del siglo XIX", que es el periodo entre 1851 y 1869, lo que es medio extraño porque El origen de las especies es de 1859. Me parece más lógico que Trabulse haya querido indicar el periodo entre la séptima y la octava décadas del siglo XIX, entre 1861 y 1879.) Sólo hasta 1882 se publicaría una traducción en español hecha en México.

El darwinismo fue muy bien recibido en México, aunque de manera un tanto gradual por parte de los biólogos propiamente dichos. Para muchos naturalistas y pensadores mexicanos, la enorme cantidad de especímenes y fósiles que tenían a su disposición proporcionaban material de primerísima mano para verificar el hecho mismo de la evolución. Especialmente durante el último cuarto del siglo XIX, hubo una explosión de estudios naturalistas que, aunque no la aceptaban completamente de forma explícita (precaución comprensible al tratarse de una nueva hipótesis científica), contribuyeron a la expansión del darwinismo. El más destacado de los darwinistas mexicanos decimonónicos fue Alfonso L. Herrera, que aplicó los postulados evolucionistas al estudio concreto del desarrollo de las especies en relación a las variaciones de altitud y al ecosistema del lago de Texcoco.

Mucho más entusiasta fue la recepción de las teorías evolutivas por parte de los antropólogos, quienes inmediatamente empezaron a aplicarlas a los pueblos indígenas. Vicente Riva Palacio, en México a través de los siglos, defendió la superioridad biológica y el grado mayor de "progreso" de los pueblos amerindios. Sus conclusiones resultaron bastante entusiastas, al grado de que parecieron precipitadas para algunos contemporáneos.

No hubo gran oposición al darwinismo entre los biólogos y antropólogos, pero sí por parte de la Iglesia católica y de los filósofos positivistas. La Iglesia se quejaba porque el darwinismo ponía en duda la literalidad de la Biblia, mientras que los positivistas, encabezados por Gabino Barreda, rechazaban la evolución porque, según ellos, no cumplía con las condiciones del método científico y era una hipótesis insuficiente para explicar la complejidad de la naturaleza y la sociedad.

Cierro este apartado con una elocuente cita de Alfredo Dugés, maestro de Herrera, recogida por Trabulse:

[...] es preciso llevar al exceso las preocupaciones religiosas y espiritualistas para separar en un reino especial un tercero que el análisis demuestra no tener con los animales sino diferencias de grado y no esenciales. Ciertamente que un mono aparenta tener pocas afinidades con un pez o una solitaria, y sin embargo, nadie vacilará en declarar que tan animal es uno como otro de estos seres; si, pues, el hombre difiere mucho menos del mono que éste de un articulado o aun de un vertebrado inferior, ¿qué razón habrá para levantarle un altar sobre toda la animalidad, y echar de menos sus numerosos lazos con ella?

El Domingo de la evolución

El domingo 11 de febrero se organizó en unas 600 iglesias de Estados Unidos y otras pocas iglesias en otros países la segunda edición del Domingo de la evolución. El Domingo de la evolución es una actividad derivada del Proyecto de la Carta del Clero, iniciativa de Michael Zimmerman, decano de la Universidad de Butler. La Carta del Clero es un documento que dice entre otras cosas que la Biblia es un texto metafórico cuyo propósito "no es transmitir información científica sino transformar almas", y que por lo tanto, "las verdades intemporales de la Biblia y los descubrimientos de la ciencia moderna pueden coexistir confortablemente", y que el rechazar la teoría de la evolución en favor de una interpretación literal de la Biblia es un acto de ignorancia y soberbia que rechaza y limita la voluntad de Dios.

El propósito del Domingo de la evolución es llevar esta declaración a las comunidades y parroquias de los firmantes. Durante ese domingo, se busca que los párrocos y ministros incluyan alguna mención a la validez de la evolución, al carácter alegórico del Génesis en particular y de la Biblia en general y a la compatibilidad entre una visión científica y una religiosa.

Creo que una iniciativa como el Domingo de la evolución es positiva si hace que el feligrés investigue un poco más sobre la teoría de la evolución y se convenza por sí mismo de que el creacionismo es un montón de falacias lógicas, afirmaciones de mala fe y mentiras descaradas, y no porque el padre o pastor lo dice. Revisando algunos sermones en el archivo del Proyecto, siento que no es el caso. Casi todos se explayan explicando el carácter alegórico de las Escrituras y la armonía o la complementariedad entre ciencia y religión, y en algunos sermones las veces que mencionan a Darwin o a la evolución se cuentan con los pulgares de una mano. Destacan entre este mar de autocomplacencia los sermones de la Iglesia Unitaria, una religión que ha incorporado una visión científica desde sus orígenes, así que no debería sorprendernos. Los sermones pronunciados durante el Domingo de la evolución no ayudan a la divulgación de la teoría de la evolución y de la ciencia más que como una muestra de lo mal conocida que es la ciencia en general y la evolución en particular en los púlpitos.

Pero ésta es una iniciativa joven. Si realmente quiere llegar a algún lado, debe alejarse de la corrección política y hacer que los clérigos involucrados, en lugar de seguir dándose palmaditas en el hombro por sus aburridos y trillados malabares apologéticos, realmente se pongan a leer biología y otras ciencias y a integrarla constructivamente en sus creencias.