Abusando de la ciencia en nombre del activismo político
En La Jornada del domingo pusieron una reseña de un performance de la artista y activista política Jesusa Rodríguez en el que se disfraza de Charles Darwin y comenta la "involución" política y social del país:
Apoyado con una proyección del mural Sueño de una tarde de domingo en la Alameda, el naturalista demostró cómo los rostros de las decenas de personajes ahí pintados por Diego Rivera, y que van desde la conquista hasta mediados del siglo XX, habían mutado a especies menos avanzadas y hasta primitivas.
Así, desde este siglo XXI, políticos, empresarios, banqueros, jerarcas religiosos y hasta periodistas de televisión y personajes de los espectáculos han ido suplantando los rostros de personajes del pasado mexicano, cuando, pese a los problemas, aún se podía observar una tendencia del país a la evolución. [22/03/2009]
Según la misma nota, el espectáculo fue una letanía de "nombres científicos" como los de las caricaturas del Correcaminos criticando a personajes de la política, la economía y los medios masivos. Todos de derecha, como es típico de Jesusa, y eso está bien, porque la señora tiene derecho a expresar sus ideas políticas como mejor le plazca...
...siempre y cuando no abuse de conceptos fundamentales de la ciencia, máxime cuando parece que ni siquiera los entiende. La evolución darwiniana nunca se ha tratado de "progreso", sino de "variación y adaptación". Ejemplo: hace varios miles o millones de años, una población de palomas ligeras, rápidas y ágiles colonizó las islas del Océano Índico occidental, un ambiente de abundante alimento y ningún depredador. Ese ambiente favoreció el predominio de ciertas mutaciones aleatorias que produjeron al dodó, un ave gorda, pesada, lenta y torpe, una criatura "degenerada" según más de un criterio que sin embargo estaba bien adaptada a sus idílicas islas.
La equivalencia entre evolución y progreso fue obra del filósofo inglés Herbert Spencer, cuya filosofía evolucionista consistía en el continuo aumento de complejidad del universo en general y de las sociedades en particular, que este aumento de complejidad siempre representaba un progreso y que ese progreso era inevitable. La filosofía de Spencer es anterior al Origen de las especies y le debe más a Jean-Baptiste Lamarck y al positivismo de Auguste Comte que a Darwin. Hablar de "evolución" e "involución", sobre todo en el contexto de las ciencias sociales como lo hace Jesusa, es más propio de las filosofías de cambio dirigido de Spencer o de Comte que del evolucionismo darwiniano de naturaleza aleatoria. Si Jesusa se hubiera disfrazado de Spencer para hacer su espectáculo, tal vez sería más aceptable y honesto. Aunque seguro menos gente lo hubiera entendido: Carlitos es mucho más famoso y está de moda, mientras que a Heberto no lo recuerdan ni en las facultades de Filosofía y Letras.
Jesusa Rodríguez, a final de cuentas, es una artista y una activista, así que no se le puede exigir exactitud científica en su trabajo. Es más: el problema no es ella, sino los grupos intelectuales que le son afines. Por ejemplo, la geóloga María Fernanda Campa, quien es mencionada como la conductora del evento. ¿Por qué Campa se quedó tan calladita y apadrinó la abusiva tergiversación ideológica de Jesusa? ¿Se da cuenta de que si alguien del lado derecho de la calle hace una distorsión igualmente abusiva del darwinismo para concluir que la globalización neoliberal es mejor e inevitable y por lo tanto hay que reprimir a esos molestos altermundistas (¡como Jesusa!) que son "primitivos" y un obstáculo para la "evolución", tendrá que mantener la boca cerrada, porque ha mostrado que no tiene un gramo de autoridad moral para protestar?

