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Me lo dijo un pajarito

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julio 18, 2008

En Zapopan no conocen Google Earth

El presidente municipal de Zapopan, Juan Sánchez Aldana (alias "Felipe Calderón es el Anticristo") anunció el jueves 17 de julio que su gobierno aumentará la vigilancia en torno al bosque de La Primavera, en el borde poniente de Guadalajara, para prevenir que se construyan fraccionamientos ilegales y destruyan el bosque. La Primavera es el bosque más cercano a Guadalajara (están Los Colomos, pero eso ya es más un parque grandote, rodeado de avenidas y edificios) y tiene mucha importancia ecológica para la región.

Entre las medidas a implementar, el alcalde Sánchez Aldana ordenará la vigilancia satelital por medio de Google Earth. En serio. En boletín de prensa, el ayuntamiento informa:

[Sánchez Aldana] Agregó: “Estamos en constante vigilancia tanto con la Dirección de Inspección de Reglamentos como con la Unidad Municipal de Protección Civil. Además se instalará el software de vigilancia satelital de Google, que facilitará la detección de cualquier movimiento en cuanto a desarrollo urbano que se presente en la zona”. [Ayuntamiento de Zapopan, 18/07/2008]

Si usted conoce más o menos cómo funciona Google Earth, deberá estar carcajeándose de lo lindo y puede saltarse los siguientes cuatro párrafos. Si no, continúe.

Una creencia muy común es que lo que se ve en Google Earth es en vivo, o al menos que se actualiza a cada rato. La triste realidad es que Google compra imágenes a otros proveedores. Las imágenes pueden tener hasta tres años de antigüedad. Google actualiza su banco de imágenes cada cierto tiempo, pero no lo actualiza todo de un jalón, y pueden pasar meses entre actualizaciones.

Voy a usar ejemplos de los dos lugares que conozco mejor. Al momento de escribir esto, las imágenes en Google Earth de Guadalajara muestran el pasto en camellones y parques de color marrón, como si fuera época de secas; ya empezó la época de lluvias y todo eso ya es verde y bonito. Otro ejemplo es que no se ven rastros de las obras del Macrobús en la Calzada Independencia. En Mazatlán, la avenida Rafael Buelna tiene muchos ejemplos: no está la Mega Comercial, no está el City Express y no está el Home Depot. En su lugar hay baldíos y un campo de casas rodantes. Si su lugar de residencia tiene imágenes de alta resolución, podrá buscar y encontrar más casos de imágenes desfasadas.

La resolución típica de las imágenes de áreas urbanas de Google Earth y Google Maps es de 60 centímetros por pixel. En lugares como Estados Unidos puede ser mucho mejor. Se oye como mucha precisión, pero esa resolución impide que un ser humano se vea como algo más que una manchita borrosa (por estos rumbos, la altura promedio de un varón adulto es de unos 170 centímetros, así que una persona acostada tendrá tres pixeles de largo.). Las imágenes con la mejor resolución (10 centímetros por pixel) no son satelitales, sino que se toman desde avionetas o globos.

Por último, es cierto que hay versiones comerciales de Google Earth (Plus y Pro), pero todas usan el mismo banco de imágenes, con la misma resolución, que se actualiza al mismo tiempo, así que no tiene caso gastar sólo para ver mapas.

En resumen: Sánchez Aldana no puede usar Google Earth para vigilar el bosque de La Primavera porque la herramienta no muestra imágenes actualizadas, ni siquiera pagando, e incluso si las mostrara, la resolución puede no ser lo suficientemente buena para sus propósitos.

Hay notas que mencionan que el Ayuntamiento planeaba o planea gastar 2.5 millones de pesos en software para vigilancia satelital (El Informador, 09/07/2008; Notisistema, 09/07/2008). Google Earth Pro, la edición más cara, cuesta un poco más de 4 mil pesos anuales por cabeza, así que no estaban hablando de Google Earth, a menos que quieran instalarlo en todos los equipos del Ayuntamiento. La hipótesis más generosa es que, en una junta del Ayuntamiento, alguien comentó que había alguna herramienta de imágenes satelitales en tiempo real, y cuando quisieron explicárselo a Sánchez Aldana en términos que pudiera entender le dijeron que era como el Google Earth; entonces el güey se quedó con la idea de que iban a usar Google Earth para eso y soltó su burrada.

La otra es que desde un principio hayan pensado en usar Google Earth para vigilancia, lo que los pone como unos perfectos ignorantes o idiotas. (O incluso como corruptos, por la partida de $2.5 M que obviamente está muy sobrada.) Para que se eduquen, pueden ver la ayuda de Google Earth, la de Google Maps y esta serie de artículos básicos en un blog no oficial de Google Earth.

Agregado el 20/07/2008: José Soto aborda el tema en su columna dominical de Público.

mayo 28, 2007

Más ageografía

El 6% de estadounidenses entre 18 y 24 años no pueden señalar su propio país en un mapamundi y la cuarta parte no puede hacer lo mismo con el Golfo de México, de acuerdo con un estudio de National Geographic y Roper Public Affairs. Mucha risa, ¿verdad? Pinches gringos pendejos.

Una encuesta de principios de año de Consulta Mitofsky dice que 1 de cada 3 mexicanos no saben que Guadalajara es la capital de Jalisco o que Monterrey es la capital de Nuevo León. Uno ya no se ríe tanto, ¿verdad?

Y la cosa se pone peor. De 13 estados para los que había que decir la capital, y 23 ciudades para las que había que decir el estado, sólo Guadalajara (66.3%), Monterrey (61.2%), Ciudad Juárez (58%), Mazatlán (54.7%) y Poza Rica (53.8%) tuvieron un reconocimiento mayor al 50%. Todas las demás fueron desconocidas por más de la mitad de los encuestados, y los casos de Progreso y San Blas tuvieron menos del 20% de respuestas correctas.

En general, las personas con educación universitaria y los estudiantes son los que tuvieron los mejores porcentajes. No es sorprendente: los universitarios han pasado más tiempo en la escuela y por lo tanto han estado expuestos a más información geográfica durante más tiempo, y en el caso de estudiantes, uno presume que deben tener las capitales más frescas.

Aun así, hay lagunas preocupantes. Es llamativo que, a pesar del marcado centralismo de los medios de comunicación, la mitad de la gente no sepa cuál es la capital ¡del Estado de México! ni en qué entidad federativa se encuentra ¡Iztapalapa! Y esto a pesar de que Iztapalapa sale casi diario en las noticias, a pesar del Vía Crucis del Cerro de la Estrella, a pesar de los operativos contra los ladrones de autopartes donde mencionaban a cada rato a funcionarios e instituciones del Distrito Federal, me resulta increíble que el 55% de los encuestados no pudieran decir "Dé Efe". (Me muero por contar con los datos desglosados por regiones.) Otro dato interesante es que nada más el 23.9% de los encuestados (y el 43.7% de los universitarios, que dizque son los que leen más periódicos y ven más noticieros "serios") sabe el estado donde se ubica el puerto de Lázaro Cárdenas, que durante buena parte del año pasado ocupó los titulares por el fallido y violento intento para reventar la huelga de su siderúrgica.

Para alegrarnos todavía más, Consulta Mitofsky incluye un comparativo de los resultados de esa misma encuesta pero de septiembre de 2004. Es notable que todas las ciudades menos seis tuvieron menos respuestas correctas ahora que en 2004. Si tomamos en cuenta el margen de error de ±4%, hay diez que de todas formas disminuyen (y ninguna aumenta). Destaca el desplome de Fresnillo, que pasó de 54.5 a 37.8%. A la que le fue menos mal fue a Tuxtla Gutiérrez, que subió del 39.1 al 43.8%: un triste 4.7% de aumento.

Lo que me da pavor es que de ese 66.3% que dijo que Guadalajara es la capital de Jalisco, haya alguno que concluyó eso porque sabe que las Chivas Rayadas del Guadalajara juegan en el Estadio Jalisco.

¿Todavía se sigue riendo? ¿O eso que escucho es un llanto?

agosto 25, 2006

Náufragos geográficos

La historia de los tres pescadores que zarparon de Nayarit en octubre de 2005 y llegaron al otro lado del Pacífico, nueve meses después, ha cautivado a México. La historia es bien conocida: después de que se quedaron sin motores ni gasolina, los tiburoneros Lucio Rendón, Salvador Ordóñez y Jesús Eduardo Vidaña fueron arrastrados por las corrientes oceánicas y se estuvieron alimentando de peces y aves crudos y agua de lluvia. Así hasta que el 9 de agosto un barco atunero de Taiwan los rescató en aguas cercanas a las islas Marshall... ¿en dónde, perdón?

Las islas Marshall

Bandera de las islas Marshall
Bandera de las Islas Marshall.

La República de las Islas Marshall es un país cuyo territorio está compuesto por una treintena de atolones en el Pacífico central, agrupados en las dos cadenas de Ratak ("amanecer"), al este, y Ralik ("atardecer") al oeste, con un área total de 180 km2. Las dos cadenas de Ratak y Ralik se extienden a lo largo de casi medio millón de kilómetros cuadrados de océano. Como comparación, es como si agarrara la delegación de Iztapalapa (120 km2), la partiera en pedacitos y la desparramara por Sonora y Chihuahua (más de 420 mil km2 entre los dos). Los atolones marshaleses apenas si se elevan una decena de metros sobre el nivel del mar y la vegetación consiste principalmente en palmeras. Los atolones del norte reciben menos lluvia que el sur (me recuerda otro país...) y muchos de ellos están deshabitados.

La población total de las Marshall es de unos 65 mil habitantes (la capacidad del Estadio Jalisco), casi todos concentrados en los atolones de Majuro, donde está la capital, y Kwajelein, donde está una base militar de Estados Unidos. Tiene una escasa producción agropecuaria destinada en su mayoría al autoconsumo. La economía marshalesa es profundamente dependiente de Estados Unidos, que también se hacen cargo de la defensa militar. Como otros países oceánicos, las islas Marshall venden derechos de pesca en su enorme mar territorial a empresas como Koo's Fishing de Taiwan, uno de cuyos barcos encontró a los tres náufragos.

Las Marshall fueron colonizadas por migrantes micronesios a principios de la era cristiana. En 1529 fueron avistadas por exploradores españoles, pero no fueron exploradas hasta 1788 por el navegante inglés John Marshall, que las bautizó con su nombre, y no fueron cartografiadas hasta 1815 por el ruso Kotzebue [agregado el 28/08/2006]. En 1850 llegaron misioneros protestantes desde Hawaii, y en 1886 Alemania estableció un protectorado sobre las islas. Japón tomó posesión de las Marshall hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando pasarían a control de los Estados Unidos. Entre 1946 y 1958 se hicieron pruebas nucleares en los atolones de Eniwetok y Bikini, que hasta la fecha siguen deshabitadas. En 1979, las islas Marshall declararon un gobierno independiente y en 1991 se volvieron Estado miembro de la ONU.

Las islas Marshall han hecho aportaciones a la cultura popular de Occidente. El atolón radiactivo de Bikini inspiró el nombre de ese gran invento de la humanidad que es el bikini y el nombre del hogar de Bob Esponja, el pueblo de Fondo de Bikini.

Entonces, ¿dónde están?

Quien pretenda saber dónde fueron hallados los tiburoneros de San Blas con base sólo en lo que digan los medios de comunicación va a morir engañado. En la televisión, Televisa y TV Azteca describían la ubicación de las islas Marshall como "cerca" de Australia o "muy cerca" de Nueva Zelanda, lo que puede funcionar en el planisferio de la papelería pero está lejos de la realidad.

Los periódicos no lo hicieron mucho mejor. En sus notas del 16 de agosto, cuando se supo la noticia, El Informador y Ocho Columnas en Guadalajara, Noroeste en Culiacán y Mazatlán, y El Economista, Excélsior, La Crónica de Hoy y La Jornada a nivel nacional, citaron a AFP y situaron las islas Marshall "al noreste de Australia", lo que es un poco más exacto que decir que Terranova está al noreste de México. De hecho, Excélsior acreditaba como fuente a AFP desde "Islas Marshall, Australia". Este error fue el más común por mucho. La gente que comentaba la noticia decía que los náufragos llegaron "hasta Australia" y el corrido que se compuso en honor de los tres náufragos también los manda a Australia. Los diarios del Grupo Milenio sólo dijeron "las islas Marshall de Oceanía".

La Crónica colocó en primera plana este bonito gráfico:

Según el mapa de La Crónica, los náufragos fueron rescatados en el mar territorial de las islas Salomón, que está a medio camino entre Australia y las islas Marshall, a unos 2000 kilómetros al suroeste de Majuro. Lo irónico es que el mapa muestra a las Marshall: son la fila de islitas de borde blanco encima de las islas resaltadas (las Salomón).

Lo que pudo ocasionar la confusión en algunos medios fue que los diplomáticos mexicanos de Nueva Zelanda fueron los que mantuvieron conversaciones con el gobierno marshalés y con la embajada estadounidense en Majuro. Esto no es porque las Islas Marshall estuvieran particularmente cerca de Nueva Zelanda (a 4500 kilómetros, vid. infra), sino porque la Secretaría de Relaciones Exteriores decidió que la embajada mexicana de Nueva Zelanda sería la encargada de la mayoría de las naciones oceánicas, Islas Marshall incluidas.

Para poner el asunto en su justa perspectiva, vamos a poner un mapa de proyección ortográfica (como visto desde el espacio) centrado en Majuro, Islas Marshall:

No es que el Océano Pacífico esté vacío, sino que los atolones oceánicos son tan chicos que el generador de mapas que usé no tiene tanto detalle. Creo que el mapa comunica la idea principal: que las islas Marshall no están cerca de nada que no sean otras naciones oceánicas compuestas de puros atolones.

¿Y cuál es el problema?

Gran cosa, dirá usted, nadie más que el ñoño que hace este blog sabe dónde quedan las islas Marshall. Pues sí es gran cosa. Casi hasta me da flojera poner el reclamo hacia los medios: hay algo que está muy mal en nuestra sociedad si Televisa es capaz de cruzar el Océano Pacífico para entrevistar a tres náufragos pero no es capaz de consultar el Almanaque Mundial que su propia editorial vende cada año para ubicar correctamente el lugar donde los náufragos terminaron su aventura. Los bonitos gráficos por computadora en los que la lanchita animada termina en Nueva Guinea y no en Majuro como debe de ser no sirven para nada.

No se trata sólo de islas a diez mil kilómetros y no se trata sólo de Televisa. En realidad, los mexicanos padecemos de algo que podemos llamar analfabetismo geográfico o ageografía (creo que esta palabra la inventé). En un estudio llevado a cabo por National Geographic y Roper en 2002, México fue la peor evaluada de nueve naciones, con un promedio de 21 respuestas correctas en un cuestionario de 56 preguntas. Sólo el 2% de los encuestados mexicanos obtuvo más de 40 respuestas correctas. Dos tercios de los encuestados mexicanos fueron incapaces de leer un mapa, y por "leer un mapa" se entiende algo tan bobo como identificar cuál de dos ciudades estaba más hacia el este. La encuesta revela que los mexicanos en general tenemos nociones bastante vagas del Medio Oriente. Si les sirve de consuelo, 97% de los mexicanos del estudio fueron capaces de encontrar su propio país en un mapamundi, porcentaje similar a los italianos y a los suecos, un poco por debajo de los japoneses y muy por encima de los gringos (89%).

¿Y eso qué?, podrá preguntar. Pues que la geografía no es nada más aprenderse los países y sus capitales. Hoy en día, la geografía está ligada con la ecología, la economía, la demografía, la geología, la meteorología, la antropología, la historia... es una disciplina que nos ayuda a formar un marco coherente y unificado de un mundo cada vez más interconectado. El analfabetismo geográfico agrava una situación de ignorancia general que nos pone no sólo en desventajas económicas y sociales, sino que se vuelve una laguna que los charlatanes de todos los colores y tamaños pueden aprovechar en su favor.

(Precisamente hoy, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación publica los resultados de exámenes aplicados el año pasado y la mitad de los alumnos de tercero de secundaria salen sin habilidades mínimas de matemáticas o español. Estamos fregados.)

Créditos

  • Mapa de las islas Marshall: generado con Planiglobe.
  • Bandera de las islas Marshall: dominio público, Wikipedia.
  • Imagen de La Crónica de Hoy: © La Crónica de Hoy, 2006
  • Mapa de distancias: generado con OMC. Rótulos y edición de los mapas de las islas Marshall por Martín Pereyra.